Mi palabra es mi sombra.
Por eso,
penetro el silencio:
borde de voz sin raíz y sin nombre.
Allí, empuño la luz,
instrumento único para tocar lo ausente.
Palpo mi centro
-piedra caliente-
y se abre como un fruto
que sangra, eco tras eco,
sobre un cauce de olvido.
(¡Oyes el líquido murmullo,
palabra y sombra,
que cruza esta pagina,
que cesa de bogar y descansa,
ya pozo, en tu centro?)
Afuera,
la luz vuelve a su sitio:
el cuerpo, el árbol, el silencio.
(Escucha.
Un haz de luz resuena dentro.
Apaga la sombra.Calla el mundo.)
Juan José Rodríguez Santamaría

precioso me guto mucho este post
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